Durante mis años de estancia en España, quedé atónito cuando el 11 y el 19 de febrero de 2007, la pantalla chica, la televisión, informaba que habían ingresado a la Península, por el aeropuerto de Barajas de Madrid, más de veinticinco mil bolivianos durante los meses de enero y febrero del año 2007, con pasaporte y registro de turistas.
La inmigración es una realidad que redunda tanto en beneficio de los inmigrantes como de los autóctonos, es reconocer y valorar que, detrás de cada individuo o persona inmigrante, sea mujer o varón, hay un potencial de vida, en lo personal y, en lo social, hay una situación real que tiene como base una familia.
A mis compatriotas, a los miles de inmigrantes bolivianos y bolivianas, les tiendo la mano y les invito a conducirse siempre con respeto y responsabilidad dentro de la sociedad que les recibe, respetando las reglas de juego del país que los acoge, en nuestro caso España.